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El Alimerka OCB presenta a Pumarix de la mano de Cartonajes Vir

El Alimerka Oviedo Baloncesto presentó ayer en el encuentro ante Melilla Ciudad del Deporte a su nueva mascota, Pumarix. Un guerrero astur que reúne en su ancha figura el espíritu de lucha heredado de los 20 años en los que el club se ha desempeñado en el vetusto pabellón de Pumarín. Lo hizo de la mano de Cartonajes Vir, empresa familiar asturiana, que se ha sumado al proyecto como nuevo patrocinador del club.

Pumarix, el espíritu de Pumarín

En el almacén de Pumarín, donde se guardan los balones, donde se encuentran sillas, redes para las canastas, herramientas para ajustar los aros, debajo de un montón de trastos, hace unos días apareció un duende. En serio, un duende.

El caso es que mucha gente había oído hablar de él, unos decían que no era un duende sino un personaje mitológico, otros que si un mago, y algunos más hablaban de un trasgu. Le atribuían milagros sobrenaturales.

Todo hace indicar que el que había aparecido era nada menos que Pumarix, que ya estaba en el lugar donde se encuentra el polideportivo antes incluso de que se construyera. Llegó del cercano Naranco y allí adquirió unos poderes que más tarde utilizaría para defender a todos los equipos del Oviedo Baloncesto cuando se enfrentaban a otros llegados de otros puntos de Asturias y de España.

De aspecto, Pumarix era poca cosa, pequeño, brazos cortos y peludo. Pero cuando empezaba a botar el balón se transformaba. Era puro nervio, puro músculo. Saltaba por encima del pívot más alto, punteaba el tiro del escolta más habilidoso, era capaz de poner un tapón por encima del aro como si tuviera muelles. Todo ello lo hacía tan rápido que nadie era capaz de verlo, aunque la gente que acudía a Pumarín decía sentirlo, experimentar lo que se dio a conocer como el efecto Pumarín, que no era otra cosa que Pumarix haciendo uno de sus trucos.

Suya es la responsabilidad de hazañas como conseguir que el OCB ganara un partido cuando perdía por 1 punto a menos de un segundo y con tiros libres para el rival. Lo que hizo en esos lanzamientos para que aún tuvieran una opción de ganar solo puede ser obra de un ser sobrenatural. Lo sufrió Palencia en in play-off, Coruña en un partido de Liga y, con el paso de las temporadas, todos los equipos que pasaban por Oviedo alguna vez sufrieron su hechizo.

Pumarix tuvo que esforzarse mucho estos últimos años, utilizar todos sus poderes, para que el OCB siguiera siendo ese club querido y respetado en todas las canchas. Acabó un poco agotado y se echó a descansar en el verano de 2025. Al despertarse la última semana de agosto, como los 20 años anteriores, no escuchó el botar del balón y sorprendido tuvo que preguntar al bedel: este le dijo que que el primer equipo ya nunca más jugaría en Pumarín, que tenía un nuevo lugar para disputar sus partidos. Nada menos que el Palacio de los Deportes. Pumaríx no daba crédito pero enseguida llegó el otoño y con septiembre los niños y niñas de la cantera, los entrenadores y la gente del club. Pumarix decidió que iba a seguir viviendo con ellos: Era el guardián de las esencias.

Pero empezó a escuchar lo que estaba pasando en el Palacio, que casi 5.000 personas iban a ver al OCB cada partido y que hacía falta llevar el espíritu de Pumarín hasta allí. Hoy, unos meses después, Pumaríx está de vuelta y por fin ha decidido darse a conocer, mostrarse y traer la magia de Pumarín a un lugar en el que también se siente cómodo. Sus poderes funcionan también aquí. El espíritu de Pumarín ha llegado al Palacio.